Invernadero en Almería. Efeagro/Juan Javier Ríos Invernadero en Almería. Efeagro/Juan Javier Ríos

El sureste de España ha incorporado el uso de las aguas desaladas y regeneradas en la agricultura, una experiencia que quieren replicar otras regiones productoras del país afectadas por la sequía y el impacto del cambio climático.
En España, el 21 % del agua desalada se destina a usos agrícolas (en el mundo ese porcentaje no supera el 3 %) y, con tantos kilómetros de costa, esta opción representa un «seguro de vida», sostiene a Efeagro el presidente de la Asociación Española de Desalación y Reutilización (Aedyr) y director de Innovación de la empresa Sacyr, Domingo Zarzo.

Los mayores ejemplos se encuentran entre Alicante y Almería, precisamente donde se concentran la agricultura de mayor valor y los mayores problemas de escasez de agua.
Aguas desaladas

Con un gasto medio de menos de 0,8 euros por metro cúbico de agua desalada, Zarzo puntualiza que «no todos los cultivos pueden permitírselo», pero sí aquellos de alta productividad económica, como los hortícolas de invernadero que se exportan a Europa.

«A cambio, tenemos un agua de excelente calidad. Los agricultores no pueden estar dependiendo de la tecnología de trasvases, sujetos a veces a la climatología o a tensiones políticas y territoriales. El agua de mar está ahí siempre», apunta Zarzo.
Invernadero en Almería. Efeagro/Juan Javier Ríos
Invernadero en Almería. Efeagro/Juan Javier Ríos

Actualmente se está invirtiendo en energías renovables para abaratar el gasto energético (en torno a los 3 kilovatios hora por metro cúbico), reducir la huella de carbono y lograr el autoabastecimiento.

Según el especialista, el uso de agua desalada incrementa la productividad de algunos cultivos, aunque persisten retos técnicos que tienen solución, como el contenido en boro del agua de mar desalada y el desequilibrio iónico entre el calcio, el magnesio y el sodio de las aguas pesadas.

En el sureste español funcionan grandes desaladoras de la empresa pública Acuamed e incluso otras de comunidades de regantes, que vienen realizando una gestión del «mix» de aguas subterráneas, reutilizadas y desaladas.

Del agua desalada se suelen beneficiar cultivos tanto en invernadero como fuera de él, en suelo o hidropónicos, un regadío que interesa también a otras producciones como las tropicales.

La Asociación Española de Tropicales (AET) organizó hace unos días unas jornadas sobre el uso agrícola de las aguas regeneradas en las que reclamó «voluntad política» para optimizar el consumo hídrico y su conexión con las explotaciones agrícolas.

El presidente de la AET, Álvaro Palacios, subraya que, con el cambio climático, no es posible seguir esperando que el agua caiga del cielo y hace falta «crear nuevas infraestructuras para remediar la sequía», que ha mermado hasta un 80 % la producción de mango en 2023 y un 50 % la de aguacate este año en Málaga.

A la espera de una desaladora para el campo malagueño y una «autovía del agua» desde Cádiz, los productores de la zona siguen investigando para minimizar el riego y utilizar las aguas no convencionales una vez que estén disponibles.
Aguas reutilizadas

En su plan por modernizar los regadíos, el Gobierno prevé la inversión de 216 millones de euros en 20 proyectos para el uso de estas aguas en 52.000 hectáreas de Andalucía, Canarias, Murcia, Comunidad Valenciana y Baleares.

El investigador del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura del Centro Superior de Investigaciones Científicas (Cebas-CSIC) Francisco Pedrero está especializado en el uso de aguas no convencionales en la agricultura de Murcia, donde se reciclan más del 90 % de sus aguas residuales, frente a menos del 30 % en España, del 4 % en Europa y del 2 % en el mundo.

Las aguas residuales tienen igualmente la ventaja de ofrecer nutrientes que permiten un ahorro en fertilizantes y aumentar la materia orgánica del suelo.

Además de los trabajos de manejo de estos recursos y optimización de sus nutrientes, se están desarrollando herramientas que ayudan a gestionar estas aguas como, por ejemplo, la teledetección y los sistemas de información geográfica.

«También hay que capacitar al usuario final para poder utilizar estos recursos de manera correcta», afirma Pedrero, que menciona riesgos como el exceso de nutrientes o de metales pesados en casos «muy específicos» y defiende el buen funcionamiento de las depuradoras en esa región durante más de 30 años.

El director técnico del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE) Juan Carlos Pérez destaca que las aguas regeneradas son un «recurso más que habrá que utilizar siempre y cuando haya garantía de que no se va a producir una contaminación de los alimentos y del medio ambiente».

Pérez, cuya entidad certifica los productos ecológicos, asegura que se están empleando en la agricultura ecológica en algunos riegos de apoyo e insiste en que debe haber controles a varios niveles sobre el cumplimiento de la normativa.

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