El FIDA: sin inversión rural no hay estabilidad

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Invertir en los pequeños agricultores y los emprendedores rurales es una apuesta estratégica y económica imprescindible para la estabilidad mundial. Ese fue el mensaje que transmitieron  este 19 de enero, en el Foro Económico Mundial, el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Álvaro Lario, y la embajadora de Buena Voluntad del organismo, Sabrina Dhowre Elba, ante dirigentes políticos y altos ejecutivos de todo el mundo.

Durante su intervención, Lario subrayó que reforzar el “primer kilómetro” de las cadenas de valor alimentarias representa una “triple victoria”: impulsa el crecimiento económico y el empleo, genera oportunidades de negocio y fortalece la estabilidad global. “Para gobiernos, inversores y empresas, las economías rurales resilientes no son solo una prioridad de desarrollo; son un imperativo geoestratégico en una era de creciente volatilidad climática, medioambiental y geopolítica”, afirmó.

Los pequeños agricultores producen alrededor de un tercio de los alimentos del mundo y desempeñan un papel central en el sistema alimentario global. Sin embargo, la falta de inversiones en su productividad y resiliencia climática amenaza los medios de vida rurales, puede desestabilizar los mercados internacionales de productos básicos y contribuir al aumento de los precios de los alimentos y de la inseguridad alimentaria.

En Davos, el presidente del FIDA insistió en la necesidad de actuar con mayor rapidez para utilizar la financiación pública y en condiciones favorables como palanca para movilizar capital privado. Plataformas de inversión, instrumentos de garantía y fondos de impacto con mecanismos de absorción de pérdidas iniciales fueron algunas de las soluciones destacadas para reducir riesgos y atraer inversiones hacia las economías rurales. “La colaboración con el sector privado no es opcional; es un catalizador del crecimiento sostenible e inclusivo y del desarrollo a largo plazo”, señaló.

El organismo destacó además el enorme potencial económico de la transformación de los sistemas alimentarios. Para 2030, las oportunidades de negocio podrían alcanzar un valor de hasta 4,5 billones de dólares anuales, mientras que solo en África se prevé que los mercados de alimentos y bebidas lleguen a 1 billón de dólares.

La experiencia del FIDA respalda este planteamiento. En una muestra de proyectos financiados por el Fondo, los participantes incrementaron sus ingresos en un 34 %, y su producción y acceso a los mercados crecieron un 35 %. Entre 2022 y 2024, las inversiones del FIDA contribuyeron a la creación de casi 390 000 puestos de trabajo.

Más allá del impacto económico, el FIDA subrayó los beneficios en términos de estabilidad y seguridad. Las inversiones en la agricultura a pequeña escala ayudan a abordar las causas profundas de la inestabilidad, como la pobreza, la exclusión y la vulnerabilidad climática. En Etiopía, estudios del Fondo vinculan el aumento de la productividad agrícola con una reducción significativa de los conflictos, mientras que en zonas de Malí donde el FIDA ha invertido, los conflictos se redujeron un 8 %.

Pese a su papel clave en los sistemas alimentarios locales y mundiales, los pequeños productores y las pymes rurales siguen recibiendo una financiación insuficiente. La ayuda oficial al desarrollo destinada al sector se ha mantenido en torno a los 10 000 millones de dólares anuales en los últimos años y podría disminuir en 2025, muy lejos de las necesidades reales. Para el FIDA, revertir esta tendencia es esencial no solo para alimentar al mundo, sino también para reforzar la prosperidad y la estabilidad global.

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Invertir en los pequeños agricultores y los emprendedores rurales es una apuesta estratégica y económica imprescindible para la estabilidad mundial. Ese fue el mensaje que transmitieron  este 19 de enero, en el Foro Económico Mundial, el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Álvaro Lario, y la embajadora de Buena Voluntad del organismo, Sabrina Dhowre Elba, ante dirigentes políticos y altos ejecutivos de todo el mundo.

Durante su intervención, Lario subrayó que reforzar el “primer kilómetro” de las cadenas de valor alimentarias representa una “triple victoria”: impulsa el crecimiento económico y el empleo, genera oportunidades de negocio y fortalece la estabilidad global. “Para gobiernos, inversores y empresas, las economías rurales resilientes no son solo una prioridad de desarrollo; son un imperativo geoestratégico en una era de creciente volatilidad climática, medioambiental y geopolítica”, afirmó.

Los pequeños agricultores producen alrededor de un tercio de los alimentos del mundo y desempeñan un papel central en el sistema alimentario global. Sin embargo, la falta de inversiones en su productividad y resiliencia climática amenaza los medios de vida rurales, puede desestabilizar los mercados internacionales de productos básicos y contribuir al aumento de los precios de los alimentos y de la inseguridad alimentaria.

En Davos, el presidente del FIDA insistió en la necesidad de actuar con mayor rapidez para utilizar la financiación pública y en condiciones favorables como palanca para movilizar capital privado. Plataformas de inversión, instrumentos de garantía y fondos de impacto con mecanismos de absorción de pérdidas iniciales fueron algunas de las soluciones destacadas para reducir riesgos y atraer inversiones hacia las economías rurales. “La colaboración con el sector privado no es opcional; es un catalizador del crecimiento sostenible e inclusivo y del desarrollo a largo plazo”, señaló.

El organismo destacó además el enorme potencial económico de la transformación de los sistemas alimentarios. Para 2030, las oportunidades de negocio podrían alcanzar un valor de hasta 4,5 billones de dólares anuales, mientras que solo en África se prevé que los mercados de alimentos y bebidas lleguen a 1 billón de dólares.

La experiencia del FIDA respalda este planteamiento. En una muestra de proyectos financiados por el Fondo, los participantes incrementaron sus ingresos en un 34 %, y su producción y acceso a los mercados crecieron un 35 %. Entre 2022 y 2024, las inversiones del FIDA contribuyeron a la creación de casi 390 000 puestos de trabajo.

Más allá del impacto económico, el FIDA subrayó los beneficios en términos de estabilidad y seguridad. Las inversiones en la agricultura a pequeña escala ayudan a abordar las causas profundas de la inestabilidad, como la pobreza, la exclusión y la vulnerabilidad climática. En Etiopía, estudios del Fondo vinculan el aumento de la productividad agrícola con una reducción significativa de los conflictos, mientras que en zonas de Malí donde el FIDA ha invertido, los conflictos se redujeron un 8 %.

Pese a su papel clave en los sistemas alimentarios locales y mundiales, los pequeños productores y las pymes rurales siguen recibiendo una financiación insuficiente. La ayuda oficial al desarrollo destinada al sector se ha mantenido en torno a los 10 000 millones de dólares anuales en los últimos años y podría disminuir en 2025, muy lejos de las necesidades reales. Para el FIDA, revertir esta tendencia es esencial no solo para alimentar al mundo, sino también para reforzar la prosperidad y la estabilidad global.