El camote, también conocido como batata, se ha consolidado como un cultivo estratégico para la seguridad alimentaria global gracias a su alto valor nutricional, su adaptabilidad a distintos climas y su capacidad de crecer en suelos de baja fertilidad. Rico en vitaminas, minerales y antioxidantes, este tubérculo no solo contribuye a mejorar la dieta de millones de personas, sino que también representa una alternativa resiliente frente a los efectos del cambio climático en la agricultura.
Según información publicada en la página web del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, se están intensificando los esfuerzos para fortalecer la producción de camote y conservar sus recursos genéticos en el Caribe, a través del Proyecto de Producción de Batata de Última Generación.
La iniciativa reúne a especialistas técnicos de Antigua y Barbuda, Barbados, Jamaica, Santa Lucía y Trinidad y Tobago, quienes conforman una comunidad de práctica orientada a mejorar la diversidad genética del cultivo y fortalecer los sistemas de semillas.
El proyecto es ejecutado por el IICA en colaboración con los ministerios de Agricultura de varios de estos países y el Instituto de Investigación y Desarrollo Agrícola del Caribe, con el apoyo técnico del Centro Internacional de la Papa.
Como parte de las actividades, 73 profesionales del sector agrícola participaron recientemente en sesiones de capacitación virtual, donde se abordaron métodos para identificar y caracterizar variedades de camote mediante descriptores morfológicos reconocidos internacionalmente. Estas capacitaciones preceden a ejercicios prácticos en campo que se desarrollarán en varios países participantes.
Entre los avances destacados, autoridades de Antigua y Barbuda informaron que actualmente cuentan con 73 accesiones documentadas de camote y que, en el marco del proyecto y con apoyo del CIP, se prevé la introducción de 19 nuevas variedades, lo que ampliará significativamente su base genética.
El financiamiento de esta iniciativa proviene del Fondo de Distribución de Beneficios del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, administrado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, con cofinanciamiento de la Unión Europea.
Con una duración de cuatro años, este proyecto busca no solo mejorar la productividad del camote, sino también fortalecer la resiliencia climática, promover la conservación de recursos genéticos y fomentar la cooperación regional, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y nutricional del Caribe.







