Un estudio reciente advierte que la acción humana está impulsando la propagación de plantas tóxicas en zonas de pastoreo en América Latina, generando graves impactos en la producción pecuaria. La investigación identificó al menos 237 especies peligrosas para el ganado, capaces de provocar pérdida de peso, malformaciones e incluso la muerte.
El análisis, publicado en la revista Toxicon, señala que factores como el sobrepastoreo, la degradación de suelos, los cambios en el uso de la tierra, la introducción de especies exóticas y el cambio climático están favoreciendo la expansión de estas plantas.
Los casos de intoxicación se concentran principalmente en Brasil, Argentina y Uruguay, aunque los expertos advierten que el problema podría ser mayor debido a la falta de registros en otros países de la región.
Entre las especies más peligrosas destaca Palicourea marcgravii, conocida como “café bravo”, responsable de muertes súbitas en animales, especialmente tras procesos de deforestación. También preocupa la expansión de Xanthium strumarium (abrojo grande), que ha causado alta mortalidad bovina en zonas afectadas por cambios ambientales, como inundaciones derivadas de represas.
Otro foco de riesgo es el aumento de plantas del género Crotalaria, utilizadas en agricultura para mejorar la fertilidad del suelo, pero que pueden provocar graves daños hepáticos en animales al ser consumidas accidentalmente.
Los investigadores advierten que muchas de estas especies prosperan en terrenos degradados, desplazando pastos nutritivos y aumentando la probabilidad de que el ganado las consuma. Además, en el 42,6% de los casos aún se desconoce el compuesto tóxico, lo que dificulta el desarrollo de tratamientos eficaces.
El problema no solo afecta a la producción ganadera. Existe el riesgo de que las toxinas se transfieran a los humanos a través de productos como carne, leche o huevos, aunque los registros aún son limitados.
Frente a este escenario, los expertos recomiendan estrategias de manejo más específicas, como control biológico, siega o el uso de especies animales más resistentes, en lugar de depender únicamente de herbicidas.
El estudio concluye que la expansión de estas plantas es una consecuencia directa de la intervención humana en los ecosistemas, lo que plantea un desafío creciente para la sostenibilidad de la ganadería en América Latina.
Fuente: SciDevNet







