Investigadoras de la Universidad de Antioquia crearon una alternativa biológica basada en un hongo nativo de Urabá que podría reducir la dependencia de fungicidas químicos en uno de los principales problemas fitosanitarios de la industria bananera.
Una innovadora investigación desarrollada por científicas de la Universidad de Antioquia abre nuevas perspectivas para el control sostenible de la sigatoka negra, enfermedad considerada una de las mayores amenazas para los cultivos de banano y plátano en el mundo.
El proyecto permitió desarrollar un bioinsumo elaborado a partir de metabolitos producidos por el hongo nativo Trichoderma sp., encapsulados en quitosano, un biopolímero obtenido de residuos de crustáceos. Los resultados de laboratorio demostraron una capacidad de inhibición de entre el 80% y el 90% sobre el crecimiento del hongo Pseudocercospora fijiensis, causante de la sigatoka negra.
La investigación fue liderada por Carolina Montoya Vallejo, doctora en Ingeniería Química, y la ingeniera bioquímica Yennifer Adriana Hinestroza Durango, bajo la asesoría de las investigadoras Natalia Gómez y Marcela Escobar, como parte de un proyecto desarrollado durante un año en los campus Carepa y Medellín de la Universidad de Antioquia.
Una alternativa frente al uso intensivo de fungicidas
Actualmente, el control de la sigatoka negra depende principalmente de aplicaciones periódicas de fungicidas químicos, una práctica que implica elevados costos para los productores y genera preocupaciones ambientales y sanitarias.
La enfermedad provoca severos daños en las hojas de las plantas, reduciendo su capacidad fotosintética y afectando significativamente los rendimientos productivos. En regiones altamente productoras como Urabá, donde se concentra gran parte de las exportaciones bananeras colombianas, su manejo representa uno de los mayores desafíos para la sostenibilidad del cultivo.
Según las investigadoras, el nuevo desarrollo busca ofrecer una alternativa biológica que reduzca la dependencia de agroquímicos sin comprometer la efectividad del control fitosanitario.
“Esta enfermedad usualmente se controla de forma química. Nuestra propuesta es utilizar los metabolitos producidos por Trichoderma sp. para combatir el patógeno y disminuir el uso intensivo de fungicidas”, explicó Yennifer Adriana Hinestroza Durango.
El poder de un hongo nativo
El proceso comenzó con el aislamiento de cepas autóctonas de Trichoderma sp. obtenidas en suelos del Urabá antioqueño, así como del hongo responsable de la enfermedad a partir de hojas infectadas de banano y plátano.
Posteriormente, los investigadores cultivaron ambos organismos en condiciones controladas y extrajeron los metabolitos generados por Trichoderma sp., los cuales fueron sometidos a pruebas de laboratorio para evaluar su capacidad antifúngica.
Los resultados iniciales mostraron que los extractos lograban inhibir más del 50% del crecimiento del patógeno. Sin embargo, la efectividad aumentó considerablemente cuando estos compuestos fueron encapsulados en quitosano.
“La encapsulación mejoró significativamente el desempeño del bioinsumo. Obtuvimos niveles de inhibición entre el 80% y el 90%, comparables con los observados en algunos fungicidas comerciales”, explicó Carolina Montoya Vallejo.
Beneficios para la sostenibilidad del cultivo
Además de su eficacia, el bioinsumo presenta ventajas ambientales importantes. La encapsulación protege los compuestos activos frente a las condiciones externas y permite una liberación controlada, mejorando su estabilidad y potencial aplicación en campo.
Para las investigadoras, este desarrollo se alinea con las exigencias de los mercados internacionales, que cada vez demandan sistemas de producción más sostenibles y con menor uso de productos químicos.
“Estamos apuntando a una agroindustria más sana, menos tóxica y menos contaminante. El impacto potencial no es solo económico, sino también social y ambiental”, destacó Diana Marcela Escobar Sierra, coordinadora del Grupo de Investigación en Biomateriales de la Universidad de Antioquia.
Próxima etapa: pruebas en plantas
Aunque los resultados obtenidos corresponden a ensayos realizados en laboratorio, el proyecto continuará en una nueva fase financiada por el Comité para el Desarrollo de la Investigación (CODI).
El objetivo será evaluar el comportamiento del bioinsumo directamente en plantas de banano y plátano y, posteriormente, desarrollar pruebas en condiciones de campo que permitan validar su eficacia a escala comercial.
Los investigadores también prevén explorar su aplicación en otros cultivos de importancia económica para la región.
Un avance para la industria bananera
La búsqueda de alternativas biológicas para el control de la sigatoka negra se ha convertido en una prioridad para la industria bananera mundial. Solo en Colombia, durante 2025 se exportaron más de 133 millones de cajas de banano, de las cuales 82 millones provinieron de la región de Urabá.
De confirmarse los resultados en condiciones reales de producción, este bioinsumo podría convertirse en una herramienta estratégica para reducir costos asociados al manejo fitosanitario, disminuir el impacto ambiental de los cultivos y fortalecer la competitividad del sector bananero frente a las crecientes exigencias de sostenibilidad en los mercados internacionales.







