Brasil y Argentina consolidan su liderazgo en la producción de carne vacuna del Mercosur, aunque con modelos productivos diferentes que hoy son analizados de cerca por los mercados internacionales, especialmente la Unión Europea, donde ganan relevancia aspectos como la trazabilidad, el bienestar animal y los controles sanitarios.
Brasil se mantiene como el mayor productor y exportador de carne bovina de la región gracias a la escala de su industria y a un sistema basado principalmente en pasturas tropicales. Entre el 85 % y el 90 % de la producción se desarrolla en sistemas extensivos o semiintensivos, mientras que el resto corresponde a engorde en feedlots.
El rodeo brasileño está conformado principalmente por ganado Nelore y otros cruces adaptados al clima tropical, lo que le permite mantener una elevada capacidad de producción y abastecer mercados en todo el mundo.
Por su parte, Argentina continúa diferenciándose por la calidad de su carne, sustentada en razas británicas como Angus y Hereford, que representan cerca del 70 % de su rodeo bovino. La producción combina el pastoreo durante las primeras etapas con la terminación en feedlots para una parte importante de los animales destinados a exportación.
Uno de los aspectos que marca diferencias entre ambos países es la trazabilidad. Argentina cuenta con un sistema obligatorio desde 2006 y mantiene estrictos controles sanitarios para acceder a mercados como la Unión Europea. Brasil, en tanto, avanza en un proceso de fortalecimiento de la identificación y seguimiento del ganado, con el objetivo de lograr la trazabilidad total de su rodeo hacia 2032.
En ambos países está prohibido el uso de hormonas de crecimiento, mientras que los antibióticos se encuentran regulados y sujetos a controles, especialmente en los animales destinados a mercados de alta exigencia.
La comparación entre los dos principales exportadores de carne del Mercosur refleja que Brasil apuesta por el volumen y la capacidad de abastecimiento, mientras Argentina mantiene su reconocimiento por la calidad de sus cortes y su posicionamiento en segmentos de mayor valor.
En un contexto de mayores exigencias comerciales, la competitividad de la carne vacuna dependerá cada vez más de factores como la sostenibilidad, la trazabilidad y la capacidad de demostrar el cumplimiento de los estándares sanitarios y ambientales que demandan los mercados internacionales.







