En días anteriores se realizó un seminario técnico , en el que especialistas analizaron el papel del picudo (Cosmopolites sordidus) en la propagación de dos de las principales amenazas fitosanitarias que enfrenta la producción de banano: el Fusarium Raza 4 Tropical (Foc R4T) y el Moko.
La jornada fue organizada por la empresa costarricense RIMAC, con el apoyo de AGROBAN y la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE), y contó con la participación del entomólogo costarricense César Guillén, investigador y docente universitario especializado en el estudio de plagas del banano.
Durante su exposición, Guillén presentó los resultados de investigaciones que demuestran que el picudo no solo provoca daños directos al alimentarse del cormo de la planta, debilitando el sistema radicular y reduciendo la productividad, sino que también puede actuar como un vector en la dispersión del Fusarium R4T y de la bacteria causante del Moko.
El especialista explicó que el insecto puede transportar los patógenos tanto de forma activa, cuando perfora y se alimenta de las plantas, como de manera pasiva, al llevar partículas adheridas a su cuerpo o presentes en sus excretas. Además, señaló que las investigaciones evidencian que el picudo puede adquirir el patógeno pocos minutos después de entrar en contacto con material infectado y mantenerlo viable durante varios días mientras se desplaza dentro de la plantación.
Asimismo, destacó que las hembras representan un mayor riesgo, ya que las heridas que producen al depositar sus huevos facilitan el ingreso de microorganismos patógenos. A esto se suma el daño ocasionado al cormo, que afecta la absorción de agua y nutrientes, debilita las raíces y disminuye el peso y la calidad de los racimos.
Durante el seminario también se advirtió que el control del picudo ha perdido importancia en muchos programas fitosanitarios debido al uso de productos enfocados principalmente en el manejo de nematodos, situación que habría favorecido el incremento de las poblaciones del insecto y, con ello, el riesgo de propagación de enfermedades vasculares.
Como parte de las recomendaciones, el expositor insistió en la necesidad de fortalecer el monitoreo permanente mediante trampas, establecer umbrales de acción y combinar controles biológicos y químicos cuando las poblaciones del insecto superen los niveles críticos. También subrayó que el manejo del picudo debe considerarse una estrategia fundamental de bioseguridad para reducir el riesgo de dispersión del Fusarium R4T y el Moko.
La información presentada durante el seminario plantea una nueva visión sobre esta plaga, al señalar que el picudo no solo genera pérdidas por daños directos al cultivo, sino que también podría desempeñar un papel determinante en la epidemiología de dos de las enfermedades más preocupantes para la bananicultura mundial.







