El sector maicero ecuatoriano enfrenta una nueva presión: productores aseguran que, mientras existe cosecha disponible en varias provincias, parte de la industria no está comprando el grano nacional y mantiene inventarios abastecidos con materias primas importadas. La situación genera preocupación entre los agricultores, que deben afrontar mayores costos de producción, inseguridad en el campo y un mercado interno con menor capacidad de absorción.
El maíz amarillo es una materia prima fundamental para la elaboración de balanceados destinados a la producción de pollo, huevos y carne de cerdo. Por ello, las decisiones de compra de la industria tienen un efecto directo sobre los ingresos de miles de productores y sobre la cadena de proteína animal.
Adriano Ubilla, presidente de la Asociación de Producción Agrícola de Ciclo Corto (Asopracort), sostiene que el problema no es la falta de maíz, sino la dificultad de los agricultores para colocar su producción.
Según Ubilla, actualmente hay maíz disponible en Manabí y Los Ríos, mientras las cosechas también se encuentran en desarrollo en Orellana, Sucumbíos y Loja. Sin embargo, afirma que la compra por parte de la industria es limitada y que, hasta el momento, Pronaca es una de las principales empresas que está adquiriendo grano nacional.
El temor a las importaciones
Los productores cuestionan el ingreso de materias primas importadas que, según señalan, compiten directamente con la producción ecuatoriana. Ubilla menciona especialmente el trigo y la pasta de soya, productos que ingresan con arancel cero y que son utilizados por industrias relacionadas con la producción de balanceados.
El dirigente pide al Gobierno revisar los permisos de importación y verificar que quienes ingresan estas materias primas cumplan con las reglas establecidas para la cadena productiva.
El reclamo central es que las industrias que utilizan materias primas para elaborar balanceados mantengan una participación adecuada en la compra de producción nacional antes de recurrir a importaciones.
Para Ubilla, el problema se refleja actualmente en el campo: mientras los agricultores cosechan, las empresas que deberían absorber ese grano cuentan con inventarios y no estarían comprando al ritmo esperado.
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Productores piden transparencia sobre las compras
El dirigente también cuestiona la falta de información pública sobre las toneladas de maíz adquiridas por la industria.
Según explica, anteriormente los productores podían consultar información de la Unidad de Registro de Transacciones de Facturas (URTF), plataforma que permitía conocer las compras realizadas por las industrias a los agricultores. Actualmente, asegura que esa información ya no está disponible de la misma manera.
Por ello, pide al Ministerio de Agricultura transparentar cuánto maíz de producción nacional ha comprado cada industria durante el año y cuánto producto permanece en inventarios.
Ubilla sostiene que los productores necesitan conocer con precisión el volumen disponible, las compras efectuadas y las importaciones realizadas para determinar si realmente existe riesgo de desabastecimiento.
El sector afirma que no habrá déficit de maíz
De acuerdo con el dirigente, Ecuador cuenta actualmente con suficiente maíz para abastecer a la industria de balanceados durante el resto de 2026.
Explica que los períodos de déficit históricamente se presentan hacia febrero y marzo, antes de la llegada de las nuevas cosechas. Por ello, considera que las importaciones realizadas durante el primer semestre deben ser revisadas frente al volumen de producción nacional.
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Ubilla menciona que, según información que atribuye a registros de importación, durante el primer semestre de 2026 se habrían importado cerca de 900.000 toneladas de trigo por parte de empresas vinculadas a la industria de balanceados. A esto suma una producción nacional de aproximadamente dos millones de toneladas de maíz, aunque advierte que se trata de materias primas distintas y que la composición de las importaciones debe ser revisada técnicamente.
El productor sostiene que el volumen disponible para la industria sería suficiente y que el problema actual radica en la absorción de la cosecha nacional.
Mayores costos para los agricultores
A esta situación se suman los costos de producción. Ubilla asegura que el precio del diésel se ha incrementado alrededor de 120% durante este año, mientras que los fertilizantes han registrado aumentos de aproximadamente 60%, según su estimación.
Los productores también enfrentan mayores gastos en seguridad debido a la delincuencia. En zonas como Los Ríos, afirma, los agricultores han tenido que incorporar guardias, cámaras y otras medidas de protección para trabajar en las fincas.
El resultado es una estructura de costos más elevada en momentos en que los productores enfrentan dificultades para vender su cosecha.
La preocupación llega a la proteína animal
Ubilla cuestiona que la utilización de materias primas importadas, supuestamente más baratas, no se esté traduciendo en precios menores para los consumidores.
Señala que el precio del pollo, los huevos y la carne de cerdo ha aumentado y considera necesario revisar toda la cadena, desde la importación de materias primas hasta la comercialización de los productos finales.
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El planteamiento de los maiceros es que el Gobierno controle las importaciones, supervise la informalidad y revise posibles prácticas especulativas en los mercados.
Seguro agrícola ante el riesgo de El Niño
El sector también pide al Ministerio de Agricultura acelerar la implementación efectiva de los seguros agrícolas.
Ubilla sostiene que los productores necesitan cobertura ante posibles eventos climáticos, particularmente ante la posibilidad de un nuevo episodio de El Niño, cuya intensidad todavía es incierta.
El dirigente plantea que el Ministerio de Agricultura, junto con Agrocalidad y el INIAP, tenga una mayor presencia en territorio para identificar los riesgos, acompañar a los productores y garantizar mecanismos de protección para los cultivos.
Para los maiceros, la discusión no se limita al precio de compra. El reclamo abarca la necesidad de garantizar la comercialización de la cosecha, ordenar las importaciones y contar con políticas agrícolas que permitan sostener la producción nacional.
Mientras tanto, los agricultores continúan cosechando con mayores costos y esperan respuestas sobre quién absorberá el maíz que ya está disponible en el mercado ecuatoriano.
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