Las plantaciones frutícolas son los cultivos más afectados por un manejo inadecuado del riego, ya que se trata de plantas que mantienen su actividad productiva por muchos años; tanto los excesos como los déficits de agua en el suelo tienen un efecto negativo en la productividad y calidad de la fruta, no solo en una temporada específica, sino que se proyectan por varios años, aun cuando se implemente un riego adecuado a sus requerimientos, después de un periodo de estrés hídrico.

Cuatro son los atributos que debe tener el riego adecuado de un huerto frutícola:

1. Una frecuencia de eventos de riego consecutivos a lo largo de una estación de crecimiento y producción, acorde con dos componentes:

a. la demanda evaporativa de la atmósfera y el desarrollo fenológico del árbol desde la primavera hasta el otoño y

b. La capacidad de almacenamiento de agua del volumen de suelo donde se desarrollan las raíces del árbol.

Ambos componentes tienen una variabilidad temporal (por efecto de las diferencias climáticas diarias y el crecimiento del dosel o follaje del árbol), así como una variabilidad espacial (diferentes características de los suelos presentes al interior de un mismo huerto y el efecto del entorno alrededor del huerto, especialmente si éste está plantado en laderas).

Cuando estas diferencias son importantes, es necesario separar el huerto en sectores diferentes de manejo, de tal manera que cada sector pueda ser regado con una frecuencia y con una cantidad de agua que sean adecuadas a la realidad del suelo, clima y vegetación de cada sector.

2. Una cantidad de agua a aplicar en cada sector del huerto que sea exactamente igual a la cantidad de agua consumida (evapo – transpirada) desde el último evento de riego, de tal manera de mantener en el volumen de suelo ocupado por las raíces, una condición de equilibrio lo menos fluctuante posible, ente la cantidad de agua almacenada y la aireación requerida por las raíces para su crecimiento y su capacidad de absorción de agua y de nutrientes desde el suelo.

3. Un riego uniforme, en el cual cada árbol reciba la misma cantidad de agua que el resto de los árboles del huerto, para que no experimente excesos ni déficits temporales en el agua del suelo que está disponible para su consumo. Esta desuniformidad del riego es, en la mayoría de los casos, la causa de rendimientos y calidades insuficientes, a pesar que algunos árboles del mismo huerto presenten excelente calidad y cantidad de fruta.

4. Un riego eficiente, en el cual una proporción superior al 90% del agua aplicada a huerto durante cada evento de riego, quede almacenada efectivamente en el volumen de suelo ocupado por el sistema de raíces; se trata de minimizar las pérdidas por escurrimiento superficial fuera del sector plantado y al mismo tiempo, minimizar las pérdidas de agua por debajo de la profundidad del perfil del suelo ocupado por las raíces (riego excesivo).

¿Cómo se logra conjugar estos 4 atributos del riego, para lograr que esta importante práctica cultural sea al mismo tiempo oportuna, suficiente, uniforme y eficiente?

Felizmente, la tecnología hoy disponible a bajo costo, y que es ampliamente utilizada en huertos frutales exitosos en muchos países del mundo con condiciones de suelos, de clima y con especies y variedades frutícolas similares a aquellas presentes en Chile, es conocida y es ampliamente utilizada en las empresas frutícolas chilenas más desarrolladas.

La frecuencia de los eventos de riego y la cantidad de agua a aplicar en cada riego se determinan utilizando los conceptos de riego programado, basado en la determinación del consumo hídrico potencial, en la evolución de desarrollo del dosel del huerto, a través de una función temporal del coeficiente de ET del huerto y tomando en cuenta la capacidad de almacenamiento efectiva del agua que presenta cada suelo.

Esta información permit confeccionar calendarios de riego precisos, a medida que se va desarrollando la temporada de producción; la efectividad de esos calendarios de riego se evalúa continuamente y de manera independiente de la determinación del consumo de agua, a través del monitoreo continuo de la humedad del suelo, con sensores instalados a diferentes profundidades y distancias de árboles representativos del huerto, así como con sistemas de medición del estado hídrico de los árboles, con sensores de plantas basados en el potencial, la conducción de savia en el tronco, el comportamiento eléctrico y otras técnicas de amplia difusión en otros países, que sólo en los últimos años se han empezado a utilizar en Chile.

La uniformidad y la eficiencia del riego, indispensables para asegurar la obtención del potencial productivo del huerto, se consigue con la instalación de sistemas de riego presurizados de aplicación localizada, como el goteo, la micro aspersión y el micro jet; cuando estos equipos están bien diseñados y su operación es efectivamente evaluada en forma periódica, corrigiendo cualquier anormalidad en la descarga de los emisores y en las presiones de operación, a través de rutinas de mantenimiento y reparaciones de fallas periódicas, es posible aportar a todos los árboles del huerto la misma cantidad de agua, supliendo así sus requerimientos reales durante cada temporada de producción.

El nivel de uniformidad (tanto en el rendimiento cómo en el calibre de la fruta) y de eficiencia (mínimas pérdidas de agua) que se obtiene con estos sistemas de riego no puede alcanzarse con los sistemas de riego superficiales tradicionales, que son por definición desuniformes en la aplicación de agua dentro de un huerto frutal.

La extensión de estos 4 atributos a la mayoría de los huertos frutales en Chile es una aspiración que se ha ido logrando paulatinamente en los últimos años, pero aún se encuentran muchos huertos frutales regados en momentos no adecuados (muy adelantados o muy atrasados respecto a la fecha óptima en que debe ocurrir cada evento de riego); también observamos en muchos huertos aplicaciones excesivas de agua al suelo, con sus correspondientes pérdidas de producción y desarrollo de enfermedades en las raíces, que deterioran la vida útil del huerto. También ocurre, en menor medida, riegos de duración insuficiente, que no permiten reponer en el suelo toda el agua consumida por el huerto desde el riego anterior, con un efecto dramático en la productividad y muy especialmente, en el calibre de la fruta obtenida.

También es frecuente observar desuniformidad en el desarrollo y productividad de los árboles al interior de un mismo huerto, que se debe a la desuniformidad en la aplicación efectiva de agua en el riego, tanto por un diseño defectuoso de los equipos de riego, como por la falta de mantenimiento de estos equipos, que presentan fugas, taponamientos y obstrucciones en la red de tuberías, dificultades que pasan desapercibidas si no se controla periódicamente la descarga real de los emisores y las presiones en los puntos críticos de la red de riego.

Respecto a la eficiencia del riego, es común encontrar situaciones en las cuales ésta es muy inferior a aquella con la cual fue diseñado un sistema de riego: la causa principal es una tendencia a sobre – regar, olvidando que el suelo es capaz de retener una cierta cantidad de agua y que los excesos percolan bajo las raíces y no son utilizados por los árboles. Muchas empresas frutícolas no incluyen en sus estrategias de riego esta característica de retención de agua en los suelos presentes en el huerto y en el ánimo de tratar de “asegurar” más disponibilidad de agua a los árboles, efectúan riegos de excesiva duración, que solo tienen como resultado un daño a los árboles, del cual éstos demoran varios años en recuperarse.

 

 

 

Fuente: Portal Fruticola | ElProductor.com

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