Además de ayudar al medio ambiente, la ganadería sostenible permite al productor reducir gastos de inversión en agroinsumos y crecer en rentabilidad

La FAO asegura que en los últimos 50 años se ha duplicado la población ganadera en América Latina, pasando de 201 a 418 millones de cabezas, cifra que coincide con el aumento en las áreas de pastura de 461 a 560 millones de hectáreas.

Según los datos, Colombia ocupa el duodécimo lugar en la cifra de vacunos del mundo. Por lo que el Banco Mundial ha sugerido que aquí se críe la misma cantidad de bovinos en menos terreno del que emplea hoy (más de 39 millones de hectáreas para uso pecuario), para aumentar la sostenibilidad de la ganadería y permitir la restauración forestal.

Esto último tiene que ver con nuevas formas de reproducción económica que le apuestan a prácticas cada vez menos invasoras y dañinas para el medio ambiente. En la cría de ganado, la tendencia es “la ganadería regenerativa”.
Esto surge del enfoque de devolverle al suelo la estructura que ha perdido por malas prácticas, por lo que en este modelo el protagonista principal es el suelo y no las vacas como sucede en la ganadería extractiva.

“La ganadería regenerativa es un proceso mediante el cual se le permite a la naturaleza de manera progresiva mejorar la capacidad de pastura para crear biomasa y con esto atender las necesidades nutricionales de los animales”, explicó José Felix Lafaurie, presidente de Fedegan.

Aquí, la metodología plantea que el ganado pastoree como lo haría naturalmente, pero en grupos compactos y en ciclos de tiempo controlados, para evitar el sobrepastoreo y la erosión del suelo. Esto ayuda sin duda a la recuperación y consolidación de los suelos, aumentando su biodiversidad y al mismo tiempo, mejora el rendimiento. En una descripción menos informal y llevándolo a la práctica lo que sucede es que la vaca pastorea en un terreno, dejando boñiga y la tierra y el pasto revolcados.

Esto, comparado con la ganadería tradicional, permite mayor carga animal por unidad de área, vegetación y fauna diversa, menos costos de insumos externos, periodo de descanso del suelo más prolongado, menor ocupación de los potreros en unidad de tiempo (no compactación), incremento del aporte natural de mejoradores de suelo representados en orina y estiércol, mayores ingresos para los productores, carne y leche más sana y menos utilización de agroquímicos entre otros.

Según datos de Greenpeace, la ganadería bovina aporta 9,4% de las emisiones mundiales del sector pecuario (que alcanzan 14,5%). Entre los gases de efecto invernadero generados por la actividad ganadera están el dióxido de carbono (27%), el óxido nitroso (29%) y el metano (44%), los cuales inciden en el calentamiento global. Frente a estas evidencias, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) alerta sobre necesidad de aplicar estrategias de mitigación como estas en el sector.

En 2018, alrededor de 2.000 millones de personas y 1.900 millones de hectáreas de tierra fueron afectadas por la degradación del suelo en el mundo. Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), la degradación del suelo le cuesta a la economía mundial hasta US$20.000 millones anuales, señalando que los principales causantes son el uso excesivo de productos químicos, los monocultivos, la deforestación y el sobrepastoreo.

Como antítesis, el modelo regenerativo promueve una ganadería limpia prohibiendo el uso de fertilizantes, pesticidas, plaguicidas y herbicidas de síntesis química, además de fármacos, hormonas, antibióticos e ivermectinas, cuyo residuo queda en el estiércol y amenaza a la biofauna del suelo, encargada de mover la materia orgánica. Por lo que la orina y las heces son los dos mejores fertilizantes naturales; mientras que el pisoteo del ganado reemplaza al arado.

Esta práctica también genera un alivio financiero a los ganaderos, pues, aunque se reciba menos dinero, se da una mayor rentabilidad. Esto sucede cuando se deja de gastar en agroinsumos como el arado, el rastrillo o semillas para hacer potreros, pues estos gastos terminan llevándose casi que más de la mitad de las ganancias.

Para reforestar y favorecer la captura de carbono, varias ganaderías regenerativas en Colombia también trabajan en la arborización de sus predios.

Por ejemplo, en El Pajuil suministran variedades de semillas en las sales que consume el ganado, de modo que este las expulse en la boñiga y luego germinen.

En Colombia, el movimiento de ganaderos regenerativos se ha venido fortaleciendo. En 2019 nació la Asociación Colombiana de Ganaderos Regenerativos (Acoganar). Hoy cuenta con 40 integrantes de 13 departamentos del país: Antioquia, Atlántico, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Córdoba, Cundinamarca, Magdalena, Meta, Santander, Tolima y Valle del Cauca, que van en la búsqueda de la comercialización de carnes con el sello de denominación de origen regenerativo.

Fuente: Agronegocios

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