Las resistencias a los antibióticos han existido por millones de años. Estos mecanismos permiten que los microorganismos se adapten a ambientes llenos de otros microorganismos y conformen ecosistemas  complejos y armónicos.

El ser humano no sólo ha podido replicar estos mecanismos naturales, sino que ha inventado nuevas «armas sintéticas» en su afán de combatir las enfermedades. En pocas décadas, la aparición de los antibióticos ha formado parte de lo que se conoce como antropoceno y nos guste o no, será parte del futuro que nos estamos forjando. ¿Cómo?

Primero, recapitulemos de manera muy general los mecanismos de los que se sirven las bacterias para generar resistencias.

1) mutaciones en él ADN que pueden hacer que los blancos sobre los que actúan los antibióticos cambien tanto, que ya no sean reconocidos por los mismos,

2) generación de enzimas que, a manera de armas, inactivan o destruyen a los antibióticos,

3) modificación de la permeabilidad de la membrana bacteriana lo que simplemente significa que los antibióticos no podrán entrar a la célula  y

4) Generación de bombas celulares que sacan a los antibióticos cuando estos entran a las bacterias. Estos mecanismos dependen de cada antibiótico y están ampliamente ligados al uso de los mismos.

Aquí podríamos hablar de prácticas médicas, industriales, agrícolas, etc. Pero lo que nos compete ahora son los animales.

Con una población de 7 billones de humanos y creciendo la necesidad de crianza de animales de abasto crece en proporciones iguales o mayores. Si bien se estima que la producción pecuaria se incrementará en todo el mundo, son los países con economías emergentes en los que se verá un aumento más dramático. Hay estudios que cuantifican este incremento y las cifras son realmente sorprendentes, sobre todo, las que atañen al uso de antibióticos.
La presión selectiva ejercida por esta tendencia sobre los microorganismos es ¡inmensa! Las publicaciones científicas que demuestran las crecientes resistencias a los antibióticos en todo el mundo inundan el internet.
Así, la OMS ha declarado la inminente llegada de una era post-antibióticos si no hacemos algo al respecto.
Esto significa que en un futuro no muy lejano, podríamos estar viviendo una realidad en la que los antibióticos para tratar las enfermedades de los animales sean completamente inútiles. La consecuencia de esto sería una disminución en la calidad y accesibilidad de proteína de origen animal, con lo que la nutrición de los seres humanos se vería drásticamente comprometida.
Pero no hay que fantasear sobre el futuro para darse cuenta de esta realidad. A expensas de tratamientos preventivos, los tratamientos curativos en veterinaria son cada día más ineficaces. Es común saber de parvadas, hatos o piaras que no responden bien a tratamientos con antimicrobianos y que van de la mano con resultados de laboratorio (antibiogramas o MICs) que informan de bacterias multiresistentes.
El panorama es complejo e incluye temas como el mal uso de los antibióticos, el rol de los médicos veterinarios en la medicación a los animales, el uso (o abuso) de promotores de crecimiento, la exclusividad de ciertos antibióticos para medicina humana, la investigación insuficiente en nuevos antibióticos, salud pública, etc.
Poco a poco iremos tratando estos temas. Por lo pronto lo que podemos recomendar es que los gestores de la medicina en general se mantengan bien informados, y que se usen los antibióticos con toda la sensatez y técnica que un arma de destrucción masiva amerite.

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