No es pelo de gato. La industria camaronera es tan poderosa que una crisis de producción tendrá consecuencias graves para la economía del Ecuador.

El ataque de la mancha blanca desde 1999 y consecuente dramática caída de las exportaciones fue uno de los detonantes de la crisis financiera que desembocó en la dolarización en el 2000. Pero esta vez podría ser peor: hoy el valor de las 220 mil hectáreas de piscinas es de un poco más 5.200 millones de dólares, más del 5 % del Producto Interno Bruto (PIB).

Las mortalidades que genera una “vibriosis” en los laboratorios especialmente de Santa Elena, como publicó ayer Diario EXPRESO, son un tema que preocupa y es el motivo porque se formó un comité entre el Cenaim (Centro Nacional de Investigaciones Marinas), la Cámara de Acuacultura, la Asociación de Laboratorios y otros gremios provinciales.

“Hemos mantenido reuniones y llegamos a un acuerdo para mejorar los manejos”, dijo el Ministerio de Acuacultura y Pesca a este medio. El riesgo que se corre es mucho.

Por poner un ejemplo: los activos de las seis principales empresas del sector equivalen a 777 millones de dólares, es decir, un valor equivalente al presupuesto de la Municipalidad de Guayaquil del año que corre.

Entre Omarsa, Gisis, Songa, Promarisco, Empagran y Empacreci, que están en el grupo de las cien más grandes, tuvieron ingresos por 1.172 millones de dólares durante el año pasado, según la Superintendencia de Compañías.

Robert Vera, especializado en camarón y biorremediación, da cuenta de la situación. “Por lo pronto hay reportes de mortalidades en la península de Santa Elena y algo en Puerto Cayo. En camaroneras de San Gregorio, en Muisne, Esmeraldas, hay mortalidades en las camaroneras. En El Oro también y en la isla Mondragón en Guayas de la misma forma. Aún no son masivas, pero si no se hace algo puede aumentar”.

En 1999 vino la mancha blanca y fueron 4 años en donde se perdió un tiempo valioso y el Ecuador entró en caos, resalta Vera. En el caso de México, tiene con EMS 4 años y apenas está saliendo adelante.

EXPRESO quiso ahondar en este asunto con la ministra Ana Katuska Drouet, pero no estaba disponible. Lo que sí dijeron funcionarios es que algunos laboratorios no respetaron las normas, por lo que se les ha exigido requisitos mínimos.

La demanda de larvas ha crecido porque además hay camaroneras que están pasando de extensivos a intensivos (mayor cantidad de larvas por hectárea, desde un millón de animales), lo cual hace crecer la demanda sustancialmente. El lío está focalizado en laboratorios, es factible de ser controlado con técnicas de desinfección profundas y bioseguridad, señala el camaronero Gabriel Rivera.

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