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Uno de los mayores éxitos de la porcinocultura de los últimos años ha sido la mejora conseguida en la productividad de las cerdas. Pero no solo hay que fijarse en los criterios de selección de primerizas por su peso o edad, sino que hay tener en cuenta también el estatus sanitario.
La situación sanitaria de los nuevos animales a introducir en las explotaciones, es muy importante porque determinará, en cierto modo, la estabilidad del estatus sanitario de la granja.

Hay que tener en cuenta que uno de los principales objetivos en la producción porcina es maximizar la cantidad y calidad de carne obtenida por cerda y año, al mínimo coste posible. El potencial productivo esperado de una cerda durante toda su vida productiva oscila entre los 60 y 70 lechones destetados por cerda (Gill, 2007).

Hay que tener en cuenta que habrá animales que no lleguen a los 40 destetados. Además, no solo la cantidad de lechones es importante, sino que la calidad de los mismos, el cumplimiento de las medidas de bienestar animal y la protección medioambiental van a estar directamente ligados a los parámetros productivos de las granjas modernas.

Con la mejora de la calidad de las primerizas, se aumenta la viabilidad de estas en los primeros ciclos, y se minimizan los problemas de adaptación a la explotación, que hacen, en la mayoría de los casos, que sean eliminadas por baja productividad, en un porcentaje mucho más alto que las multíparas (Figura 1). De ahí que, el término “supercerda” sea cada vez más empleado en el ámbito de la producción. El objetivo de este tipo de animales es conseguir un mayor tamaño de camada en los primeros ciclos, para llegar a una mejor prolificidad durante toda su etapa productiva.

Si se realizara un abordaje integral en el criterio de selección de las primerizas, se podría escribir una revisión muy extensa de todos los puntos que pueden afectar a las futuras reproductoras, pero se va a desglosar en cuatro puntos principales: el peso al nacimiento, la aparición de la pubertad, la alimentación y el crecimiento y la adaptación.
FIGURA 1. Lechones nacidos vivos por parto en función de los resultados del parto 1.
PESO AL NACIMIENTO
La elevada variabilidad del peso al nacimiento viene determinada por la selección genética de las ramas hiperprolíficas (Wolf et al., 2008). La producción de camadas muy numerosas se traduce en una bajada del peso medio de la camada, incrementando el número de lechones nacidos vivos por debajo de 1 kg (Almeida et al., 2014; Mangabosco et al., 2016). Del mismo modo, es comúnmente conocido que el bajo peso al nacimiento afecta el crecimiento posterior de los animales en las siguientes fases y en toda su etapa productiva (Almeida et al., 2014). De ahí, que la mayoría de los estudios estén ligados a cerdos de producción, pero, sin embargo, este parámetro es muy importante en lo relativo a la selección de las futuras reproductoras.
Además, un bajo peso al nacimiento es directamente proporcional a una mayor tasa de mortalidad en las diferentes fases, reduciendo así la oportunidad de selección como futuras reproductoras (Mangabosco et al., 2016). De la misma manera, se ve afectado el desarrollo visceral durante la etapa embrionaria, estando demostrado un inferior desarrollo del aparato genital. Aquellas futuras reproductoras que son seleccionadas por debajo de 1 kg de peso al nacimiento muestran 1,6 lechones menos en el primer parto, siendo casi 4,5 lechones menos en los tres primeros partos que sus hermanas que presentan un peso al nacimiento por encima de 1 kg (Mangabosco et al., 2016) (Figura 2). Esto podría implicar que el bajo peso al nacimiento comprometa el desarrollo ovárico durante su etapa fetal debido a una menor selección de folículos ováricos primarios y secundarios al nacimiento (Da Silva-Buttkus et al., 2003). Sin embargo, está totalmente documentado que el desarrollo ovárico a los 80 días de edad y la posterior pubertad no está afectado por el peso al nacimiento (Almeida et al., 2015).
FIGURA 2. Número de lechones nacidos totales en los tres primeros ciclos en relación con el peso al nacimiento en nulíparas (Magnabosco et al., 2016).
El incremento en el tamaño de camada en cerdas de mayor peso puede venir determinado por unos mayores niveles de insulina e IGF-1 en hembras con una elevada tasa de crecimiento, aumentando la tasa de ovulación y reduciendo la atresia folicular (Cox, 1997).

APARICIÓN DE LA PUBERTAD
La pubertad es heredable (29-51 %; Donald et al., 1997 y Bidael et al., 1996) y puede responder a la selección genética. Se han reportado diferencias de raza en la edad de la pubertad (Tummaruk et al., 2008), aunque debemos tener mucho cuidado en la interpretación de las diferencias, ya que muchos factores estimuladores o inhibidores influyen en la variación de la edad de la pubertad.
Del mismo modo, se ha informado que la edad de la pubertad tiene una correlación genética alta con el peso de la pubertad (Bidael et al., 1996).

La aparición de la pubertad, no solo se encuentra condicionada a la propia cerda sino también a la exposición al verraco. Las futuras reproductoras pueden presentar el primer celo con la exposición al verraco a los 125 días, sin embargo, este celo no es considerado consistente, consiguiendo un 77 % de los celos en nulíparas entre los 156 y los 170 días de edad (Figura 3) (Patterson et al., 2014; Magnabsoco et al., 2016).
Además, hay que tener en cuenta que la edad de la pubertad no está determinada por el peso al nacimiento cuando la estimulación del celo por el verraco se hace adecuadamente, demostrándose que primerizas con una diferencia de 18,6 kg de peso expresan estros espontáneos el mismo día (Magnabosco et al., 2016). Esto implica que si los criterios de selección en granja no son exhaustivos, se puedan cubrir nulíparas con un peso inferior al óptimo esperado, lo que nos dará problemas a la hora del parto y en los siguientes ciclos.
FIGURA 3. Edad de aparición de la pubertad (Patterson et al., 2014)
ALIMENTACIÓN Y CRECIMIENTO DE LA REPOSICIÓN
La principal herramienta para modular el ritmo de crecimiento de las primerizas es la modificación de las cantidades de pienso. La restricción alimentaria puede provocar un retraso en la aparición de la pubertad (> 7 días) debido a un retraso en la maduración del eje hipotálamo-hipófisis-ovario. Por otro lado, una alimentación ad libitum dará lugar a un crecimiento muy elevado de estos animales; esto implica ganancias medias diarias (GMD) muy altas, resultando cerdas con sobrepeso que predisponen a problemas locomotores (Coma et al., 2007). La clave está en buscar el equilibro entre la edad y peso de los animales, sin alterar en ningún momento su capacidad reproductiva.

La interacción de peso, edad y relación grasa-magro es la que determina el momento óptimo de la 1ª cubrición.

Un peso de cerda entre 175 y 190 kg al parto, permite una buena ingesta de pienso durante la lactación y evita así la pérdida excesiva de peso. Teniendo en cuenta que el incremento de peso durante la primera gestación está alrededor de 35-40 kg, esto da un peso recomendado de cubrición de 145-165 kg (Coma et al., 2007).

La Ganancia Media Diaria (GMD) (tabla 1) recomendada oscilaría entre 600 y 800 gramos al día desde el nacimiento hasta el inicio de estimulación para la aparición de la pubertad y la primera cubrición (tabla 2). La eliminación de cerdas que presentan tasas de crecimiento inferiores, suele ser más elevada debido a un incremento de la tasa de reposición de las propias explotaciones por disminuir la tasa de retención de las cerdas, reafirmando que el peso es el indicador más efectivo para el control de la vida reproductiva.
TABLA 1. GMD recomendada desde el nacimiento hasta el inicio de estimulación para la aparición de la pubertad y la primera cubrición


TABLA 2.
 Recomendaciones de alimentación por fases para cerdas de recría hasta la 1.ª cubrición (Young, 2003).

ADAPTACIÓN
Una vez finalizada la fase de recría, las nulíparas entrarán en la granja y deben tener un periodo de adaptación al entorno sanitario de la explotación de entre 60 y 90 días, dependiendo del estado sanitario de la granja de destino. Hay que tener en cuenta que son animales que entran en una explotación con unas condiciones sanitarias totalmente diferentes de donde han estado hasta ese momento.
A grandes rasgos, el protocolo de vacunación de las primerizas va determinado con la explotación de destino (PRRS, PCV, Mycoplasma, Lawsonia, etc.). En lo relativo al virus PRRS y su introducción en granjas estables positivas, se considera que la mejor estrategia es que las cerditas entren de núcleos negativos para poder mejorar el estatus sanitario de la granja de destino. Todos los animales deben de ser ELISA positivos, y por supuesto, PCR negativos a la entrada en la granja de producción y este va a ser el punto más crítico de la adaptación. Esto se puede conseguir mediante vacunación o mediante infección natural en un área externa a la explotación de destino (teniendo en cuenta que debemos contar como mínimo de 16 semanas de enfriamiento).

Además de la adaptación sanitaria, hay que tener en cuenta que las primerizas deben de disponer de una comodidad en las cuadras para su mejor desarrollo, siendo recomendable un mínimo de 1,2-1,3 m² por animal y una intensidad lumínica de más de 250 lux. El dimensionado es muy importante ya que una de las principales causas de eliminación de primerizas suele estar condicionada por problemas locomotores debidos al alojamiento o a peleas.

Finalmente, una vez que los animales han conseguido el peso y la edad óptima para su cubrición, debemos tener en cuenta la adaptación al box. Desde nuestra experiencia, la adaptación a box debe de ser superior a los 16 días de estancia para evitar pérdidas por reabsorción embrionaria que desencadenaran fallos en la prolificidad debido al estrés y la falta de consumo de pienso. En el caso en el que no se pueda realizar la adaptación a box, es preferible directamente recelar en los parques después de la monitorización de los dos primeros celos e introducir a box en el momento de la cubrición.
CONCLUSIONES
Se podría continuar hablando de varios puntos que van a afectar a la selección de primerizas como patrones hormonales, características de las naves de alojamiento, alimentación en las diferentes fases o adaptación sanitaria a las patologías más frecuentes de la granja, pero sin embargo estos cuatro puntos son los considerados como los principales para una buena selección de las futuras reproductoras en las explotaciones.

Autor/es: Sara Crespo Vicente. Técnico veterinario I + D (Cefusa) y Departamento de Fisiología. Universidad de Murcia (UMU). España

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