Las crecientes en los ríos del cantón perjudican a unos y benefician a otros por la abundancia de peces.

Muchas personas acuden al río para pescar, aprovechando el paso de los peces cuando el agua está turbia.

Entre ellos encontramos a Marcos Cedeño. Su lugar favorito para esta actividad es cerca de la compuerta de Simbocal. Allí, con un buen lance de la atarraya logra sacar alguno que otro chame, guabina, tilapia, camarón, vieja, barbudo. Lamentablemente en mayor número pesca la especie lisa “la cual regresa al agua porque tiene mucha espina y la gente casi no la consume”, dice.
Este pescador vive en la ciudadela Santa Martha y lleva consigo un saco tipo malla y su atarraya. Asegura que la mejor manera de capturar los peces es un buen lance, ya que de esto depende cuántos logre atrapar y si la atarraya sale abierta unos cuantos caerán, caso contrario habrá que volver a intentarlo.
Alimento. A sus 60 años de edad Cedeño señala que no ha perdido “el toque”. Desde la orilla del estuario recoge su atarraya, la envuelve y la lanza. Manifiesta que cuando la está sacando del agua la sensación que se siente cuando un pez la hala es indescriptible, debido a que eso ha sido señal de una buena maniobra.
“Con unos cuantos chame que lleve tengo para el almuerzo o la merienda, y si cojo bastante la venta en el mercado es segura, da gusto servirse un pescado fresco y por eso aprovecho estas crecientes”, precisa.
Él dice ser amigo de las inundaciones porque cuando las hay el pez sube y siempre lo hace por la orilla. “Las inundaciones no son malas porque los nutrientes de las plantas llegan al agua y de allí los peces se alimentan, y eso significa más captura con mi atarraya”, comenta.
Fuente: El Diario | ElProductor.com

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